Honestidad

Una de las mejores formas de estar en paz con el pasado y perder el miedo al futuro, es integrar a nuestra vida el valor de la honestidad.

Desde el año 1983 decidí empezar a probar en el mundo de los negocios, podría contar miles de historias y anécdotas, y puedo decir que si hay algo que me ha costado encontrar en el mundo de los negocios, precisamente es: La honestidad.

La honestidad implica, actuar con transparencia y no engañar a las personas, u ofrecer algo que no podemos cumplir. Esto implica que este grandioso valor, está totalmente ligado con la ética profesional y de vida.

Ética es más que una declaración escrita de lo que se puede o no hacer, es un compromiso con la verdad, es tener una conciencia clara y una conducta regida por tres factores vitales: el amor, la benignidad y la bondad.  El amor implica no hacer al prójimo lo que no me gusta que me hagan a mí, la benignidad es la virtud de alguien que aunque quiera, le es imposible hacer el mal y la bondad es la capacidad de dar más allá de lo que se recibe.

En una sociedad como la actual, me decía una persona, es imposible actuar con esta clase de honestidad y sobrevivir, no he encontrado esto ni en las iglesias.

Es por esto, que más allá de la religión y cualquier poder humano, es necesario en forma urgente buscar la iluminación divina de este valor, mediante el desarrollo y la práctica de la espiritualidad y pasar nuestros pensamientos e intenciones por los filtros de pensamiento establecidos por el famoso Apóstol Pablo en Filipenses 4:8, así que evalúa esos pensamientos e intenciones por los siguientes cuestionamientos:

¿Es esto que pienso, verdadero?

¿Es esta intención verdaderamente honesta?

¿Es esto que quiero hacer, verdaderamente justo?

¿Qué tanta pureza tienen mis pensamientos en este momento?

Si yo publicara ante todos los que me conocen lo que estoy pensando ¿Alabarían mis pensamientos?

Si los pensamientos e intenciones superan estos filtros, dice el apóstol, sigan pensando, de lo contrario deberíamos desechar esas maquinaciones que nacen de la misma oscuridad.

En todo caso, la honestidad deja de un lado el ego, el individualismo y el fraude, buscando siempre ceder en alguna medida, ser tolerante y practicar la generosidad.

Termino con las sabias palabras de Yevgeny Yevtushenko, poeta ruso de los años treinta del siglo pasado:

“Llegará un día en que nuestros hijos, llenos de vergüenza, recordarán estos días extraños en los que la honestidad más simple era calificada de coraje”

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